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En Honor a la Verdad... Nunca Bajes la Cabeza.
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TEMA: En Honor a la Verdad... Nunca Bajes la Cabeza.
#20
En Honor a la Verdad... Nunca Bajes la Cabeza. hace 8 Meses, 2 Semanas Karma: 10
Hace algunas noches fuimos, Mercurania y yo, víctimas de un suceso que para poner en antecedentes sería largo de contar, de manera que, con vuestro permiso, me limitaré a su culminante clímax o deflagración conclusiva.



LA VERDAD

Hemos de extremar precauciones a la hora de ser sinceros completamente con ciertas personas. No porque nuestra opinión no sea relevante o veraz, por supuesto, sino porque hay quienes no saben encajar ni asimilar la verdad, y/o cuando son descubiertos faltando a la misma. Ya sabéis que existen personas con un “extraño gen” que cuando les exponemos nuestro criterio -por supuesto diametralmente opuesto a lo que ellos afirman- desatan una furia titánica de su verdadera naturaleza a modo de monstruo informe y diabólico. (Creo que incluso si nos salpican con su saliva nos quemaría como el ácido).

Escuchamos lo mejor que podemos aquello que escupía con boca, brazos y energía insana, sin poder encajar una pieza con otra. Todo eran ultrajes, calumnias y execraciones que lejos de reconducir un posible error de interpretación, descubría con extraordinaria claridad todo lo que permanecía oculto en ese ser que se encontraba ante nosotras, haciendo uso de uno de los peores aspectos humanos.

Supongo que se me quedó la boca abierta de sorpresa, de incredulidad y luego de lástima. Superó todas mis expectativas a la milmillonésima. Sé que es una persona carente de educación por su origen humilde; que ha cultivado ciertos modismos que le han servido en más de una ocasión para expresarse con alguna condescendencia e instrucción. Si bien se trata de una maniobra que utiliza para darse credibilidad y obtener compasión y subvención social. A Mercurania, en cambio, sólo le contribuyó para confirmar lo que ya conocía de esta persona, que utiliza la palabra Amistad para obtener todo lo que ansía y la compasión e ignorancia de la gente para usurpar un concepto humano al que no hace el más mínimo honor.

¿Qué sucede con los disfraces? Que se caen en los momentos cruciales; no quedan permanentemente asidos a la piel. En aquellas circunstancias en las que se ocasiona un cortocircuito mental y todo ese boato de erudición y honorabilidad ya no desarrolla su función, ya que no era natural. Siempre resurge la verdadera naturaleza.

Allí continuó esa persona, al filo de la media noche, bramando como una bruja malvada de cuento tantos términos y sinónimos de lóbrega ilustración castellana, con sus locuciones y letras tan siniestras como su propio ser. En verdad me vi ante el nacimiento de un nuevo género literario, el más pedestre, soez y barriobajero en el que se sentía como pez en el agua. Me fascina la lingüística, se puede decir que por ella he vivido y vivo, aprendido y enriquecido mi vida, sin embargo reconozco sin un ápice de envidia no ser tan prolífica en tales adjetivos.

Culminando la absoluta decrepitud léxica del respeto, de las formas, de la sinceridad, de la humanidad, de la tolerancia, de la honradez, de la sensibilidad, y de la feminidad –que tanto enaltece en sí mismo-, en un declive mortal tan efímero que, si bien cuanto antaño sugería –a bienintencionados y honestos como yo- extraños matices de una amalgama de exhortados arrebatos del mundo contra su persona, ahora todo ha sido descubierto. ¿Tan virulento y siniestro podía ser el mundo con una noble, angelical e íntegra persona... sólo porque fuera transexual? Por supuesto que no. Como en todos los grupos humanos, transexuales o no, hay de todo.

Si cuando te escupen veneno acusándote, amenazándote, hostigándote con un arsenal de sinrazones y obscenos improperios que aniquilan de un mazazo todo lo que tienes de humano, contra tu vida, tu persona y la de tus seres queridos... reproduces estas mismas acciones para defender tu verdad, es que no tienes nada que defender. Siempre hay opción, amigos. Siempre. Siempre estamos en posesión de la adecuada opción, de no ser uno de ellos, pues ellos no saben hacer las cosas de otro modo, cosa que nos colma de lástima. Si tienes algo que defender exponlo con la naturalidad de la verdad. Así de sencillo. Esa persona no se ha expresado para defender “su verdad”; no ha explicado nada... solamente se ha limitado a amenazar, a urdir vergonzosos planes, a acusar, a exponerse aún más –lástima- en esa estampa tan lamentable.

Posteriormente a todo esto, por si fuera poco, ha dejado huella gráfica en varios e-mails maximizando su caterva léxica vejatoria. (Espero que no reincida, pues no es de recibo, ni legal e incurriría en acoso y maltrato vejatorio e injurioso que, desde luego, denunciaría de inmediato, pues tengo todo a mi favor, con las pruebas por delante) No lo soportaré una vez más.

Tengo defectos y también virtudes, en verdad, pero una de las más importantes es mi humanidad, mi amor por todas las personas, mi necesidad de ver lo bueno de todas ellas, incluso cuando no parecen albergar bien alguno, mi necesidad de ayudar y cuidar. No. No soy una santa, ni nada por el estilo; sí espiritual y muy devota de mis convicciones místicas.

Sin embargo... ¿hemos de soportar todo el veneno de ese tipo de seres, sólo porque nosotros no seamos como ellos? Por supuesto que no. Damos una oportunidad, y si se repite el ataque, atacamos. También para atacar estamos más preparados. Esas personas no saben atacar pues no son poseedores de la verdad y su arrebato insano les desposee de toda credibilidad. No saben que para salvaguardar una palabra sólo hay que hablar de ello sin ofensa, mostrar las pruebas y recibir el reconocimiento justo. Claro que, para ello tendrían que ser sinceros. Su mejor recurso sería no hacer nada para no estropear más las cosas –pues no saben decir “me he equivocado” o “perdóname”-; ni siquiera poseen un razonamiento lógico, autodefensivo.

¿Cuántas veces hemos tenido que dar explicaciones por diversas cosas? Muchas... y las que nos quedan, pues el mundo y su sociedad son así. ¿Y, ha pasado algo después de ello? No, ya que las damos, se prueba y a otra cosa, mariposa. Si guardásemos rencor por esas cosas o similares... no haríamos otra cosa que ser unos amargados misántropos, recelosos de fantasmales amenazas que hilan poco a poco patologías mentales que nos apartan cada vez más de la realidad. Una persona rencorosa no es tolerante, no es compasiva, no es paciente, no es agradecida... La verdad es una de las más grandes virtudes que tenemos. Defendámosla. Y ¡ganemos! Ya tenemos bastantes cosas por las que sentirnos mal, como para añadir una estupidez como esta.


Saludos
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Nany
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Última edición: 15/11/2009 22:21 por mercurania.
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